sábado, 30 de marzo de 2019

El niño que todos llevamos dentro



Hay más cine en los nueve minutos que dura “Zima Blue” (Robert Valley, 2019) que en miles de horas de metraje del 90% de las películas que copan hoy en día nuestras carteleras.
En esos nueve minutos que dura el corto de animación de la serie de “Love, Death & Robots” (David Fincher, Tim Miller, 2019), se condensan películas tan grandiosas como “Ciudadano Kane”, “Blade runner”, “Gohst in the Shell”, “The Square”, “La gran belleza” o “Toy story”.
En “Zima Blue” se habla de felicidad, se habla de filosofía, se habla del sentido de la vida; se habla de budismo, se habla de identidad, se habla del Arte, se habla de la creatividad; se habla de la inteligencia, del esnobismo, de la superficialidad, de la banalidad de la fama y el éxito, de lo que es ser un “ser humano”, de sus motivaciones, de su conocimiento, de la búsqueda de la VERDAD… En definitiva, en “Zima Blue” se habla de qué es la vida, de cuál es su sentido y de qué es estar vivo y viviendo... de ese viaje interior que te lleva hasta los confines del cosmos para  que seas capaz de descubrir que puedes tenerlo todo, pero si o te tienes a ti mismo, nunca llegarás a tener la felicidad.
Y por si fuera poco, “Zima Blue” habla de todo esto desde una estética maravillosa, con una narrativa cinematográfica perfecta, con una potencia visual apabullante, con imágenes y secuencias que transmiten más en diez segundos otras obras en dos horas y media.
Mención aparte es la secuencia final del corto. En esta, Zima, en lo que es además su última obra de arte, se sumerge en su piscina mientras se deconstruye a sí mismo para dejar salir su verdadero yo, el Zima original, ese niño que lleva dentro y que ha sido el motor que ha impulsado su magnífica creatividad, su arte, su búsqueda de la verdad; y así quitarse la máscara social y dejar de ser el Zima que todos conocen para alcanzar la máxima felicidad y paz posible: volver al origen; volver ser aquello que era y hacer aquello que hacía en su infancia virginal, volver al sencillo juego inicial; retornar a la vida de aquel mundo perfecto, a la seguridad y tranquilidad del útero materno.
Esta secuencia es de una potencia visual que rara vez he visto en el cine;  en diez segundos se condensan filosofía, psicología, inteligencia artificial, humanismo… y a la vez, ese acto es una obra de arte para el consumo de las masas y para criticar ese consumo insubstancial, porque la gente que lo está contemplando no es consciente de la magnitud de la obra de arte que están presenciando, sino que solo se escandalizan y solo se preocupan porque van a perder a Zima, el artista de moda. Tan solo la periodista, la narradora de la historia, se da cuenta de la dimensión y el significado de la obra de Zima, y cuando lo entiende, abandona la escena.
Todo esto está comprimido en una única secuencia de apenas diez segundos. Hay nostalgia, hay celebración, hay arte, hay crítica al arte y su consumo, hay felicidad, hay sentido de la vida, hay filosofía, hay psicología, hay belleza, hay reflexión sobre los límites de la inteligencia y consciencia artificiales… es una metáfora de lo que es la vida, lo que es estar vivo y cuál es el sentido de todo ese proceso, utilizando para ello un robot autoconsciente y artista que se deconstruye a sí mismo para volver a ser el simple y feliz niño que habita en su interior. Sublime.

Además de esto en “Zima Blue” también se tocan los temas de la autoconsciencia de las máquinas, la inteligencia artificial, y como los robots pueden llegar a cuestionarse sobre el sentido de su existencia. Pero lo curioso, es que es tan potente el mensaje y la secuencia final, que toda la reflexión filosófica de una máquina siendo consciente de sí misma y creando arte, queda relegada a un segundo plano y casi sin trascendencia, es decir, lo que para “Blade runner” o “Gohst in the Shell” era el centro y la justificación de una película, en “Zima Blue”, un corto de 10 minutos, es algo secundario, porque el tema principal es aún más potente que eso.


domingo, 30 de diciembre de 2018

América (Franz Kafka ....)




Maravilloso relato del genial escritor praguense. La breve aunque detallada y sobradamente informativa (o comunicativa) historia de un chico europeo que desembarca sólo y sin esperanza en América. Allí se tiene que enfrentar por obligación a un nuevo mundo, metáfora del mundo real, en el que abundan las trampas y los tramposos, en el que se redefinen los conceptos de amistad, de valor, de honor, de lealtad, de corrección, de honradez, tomando como punto de partida el dinero y los intereses comerciales, así como el orgullo y el ego; en una palabra, Karl Rossman da el salto de repente al mundo adulto con sus reglas estúpidas y su desorientación generalizada.
Pero a la vez se va dando cuenta de que el que se rige por las directrices correctas, aunque con más inocencia y por ello con más sufrimiento, acaba por situarse mucho más arriba de lo que los rastreros explotadores ni siquiera pudieron imaginar llegar, de que el que construye su casa basándose en unos buenos cimientos puede llegar a erigir rascacielos y de que la inteligencia es el motor de la vida y siempre te ayudará a llegar a buen puerto.
A medida que va atravesando por diversos sucesos Kart Rossman se va construyendo a sí mismo, lenta pero sólidamente, soportando las estupideces de aquellos que nunca han sabido organizar su proyecto vital y que , viéndose perdidos, buscan arrastrar a todos a su abismo con el afán de encontrar algún consuelo en la desgracia compartida.
Rossman los va superando uno a uno casi sin darse cuenta, sólo actuando de la manera correcta hasta llegar, en palabras del propio Kafka, al lugar dónde se encontraría a sí mismo, dónde encontraría de nuevo su patria, donde se reencontraría con sus padres...

lunes, 17 de diciembre de 2018

A propósito de Blade Runner


Somos más humanos que tú...
           Los replicantes son seres humanos. No son robots, ni androides, ni cyborgs. Los replicantes de Blade Runner son organismos totalmente biológicos, creados por ingeniería genética para ser más fuertes, inteligentes, resilientes y resistentes que los seres humanos. Esto es lo que dice la wikipedia de Blade Runner (1), y esto es lo que se intuye tanto en el genial libro del no menos genial Philip K. Dick, como en las maravillosas adaptaciones cinematográficas dirigidas por Ridley Scotty por Denis Villeneuve.
Por lo tanto, al menos que su cerebro -o los genes encargados implicados en el desarrollo del cerebro- haya sido modificado en algo más que la inteligencia, cosa que no se nos dice en ningún momento, un replicante debe tener emociones y neuronas espejo, por lo tanto, debe tener empatía (2), por lo tanto, el test de Voight-Kampff no podría distinguir a un humano de un replicante. La empatía surge de la actividad normal de un cerebro humano -en la que están directamente implicadas las neuronas espejo-, no de los recuerdos, experiencia o aprendizaje. Por lo tanto, los replicantes de Blade Runner deberían sentir empatía, que es lo que dicen los autores de la historia que es la característica que diferenciaría a un verdadero "humano". Eso implicaría que todo lo que se dice en Blade Runner es falso, ¿o no? Porque la verdad, una lectura un poco más profunda, lenta y detallada parece que nos indica que lo que Blade runner nos dice es que "vamos de guays, pero no llegamos a chachi" -los humanos-, es decir, que vamos de seres superiores, pero no es así para nada, de hecho, los replicantes son más humanos que nosotros mismos.
Lo que sí se puede hacer con la empatía es potenciarla o anularla. Se dice que Philip K. Dick se le ocurrió la idea original de "Los androides sueñan con ovejas eléctricas" cuando leyó la declaración de un oficial nazi que decía que por las noches no podía dormir del ruido que hacían los niños del campo de concentración pidiendo de comer, y que eso era un fastidio... El bueno de Philip pensó entonces que los humanos ya no éramos humanos... Y se puso a escribir.

Todo es falso K, te la han metido doblada
El "error" está en pensar que los seres humanos somos especiales, bien sea por inteligencia o por otra característica como el altruismo o la empatía. No, los seres humanos somos animales, ni más ni menos. Y si creamos clones de nosotros -los replicantes- serán igual de humanos que nosotros. Eso sí, si les hacemos creer que somos mejores que ellos, y que es porque no tienen empatía, pues no la tendrán, y se sentirán inferiores. Es pura psicología del control. Dile a un niño que los ojos azules y el pelo rubio lo hacen más inteligente, y sacará mejores notas, mientras que el de pelo oscuro sacará peores (3).
En la película de Villeneuve esto se presenta de manera genial: K es un replicante, lo sabe, y hace todo lo que hacen los replicantes -obedece ciegamente a los humanos, no miente, pasa los test de Voight-Kampff... intuimos que quizá a veces pueda dudar de algo, pero no lo sabemos con certeza, y la hierática y perfecta interpretación de Ryan Gosling le va genial a esa ambigüedad-; pero cuando K cree que es un replicante que ha nacido -es decir, es un humano normal y corriente, porque los humanos, como última alternativa para ser superiores a los replicantes-esclavos, se inventaron que como los replicantes no han nacido por reproducción normal, pues no son humanos, en fin...- ya no pasa el test de Voight-Kampff, y es capaz de mentir y desobedecer a su superior humano.


Es toda una experiencia vivir con miedo, ¿verdad? Eso es lo que significa ser esclavo.
Entonces aquí vemos la realidad. Blade Runner es una sociedad de seres humanos que esclavizan a los replicantes mediante un control psicológico. Los humanos hacen creer a los replicantes que no son humanos -"los de tu especie" le dice su superior a K- y así los tienen sometidos. El efecto del control es total, sin embargo, K, en cuanto se cree que es humano -o al menos que ya no hay nada que lo diferencie de un humano, porque él ha nacido- ya es capaz de romper esa cadena psicológica que lo tenía amordazado. Es genial. Todo está en nuestra mente. Si nos lo creemos, es posible.
Y este creo yo que es el punto clave de todo el Universo Blade Runner. Realmente los replicantes son humanos. Pero es que claro que lo son, porque son biología pura y dura, solo que hechos en un laboratorio. Para un biólogo no habría ninguna duda y ningún problema en aceptarlo. Me temo que toda la controversia filosófica con el tema de la película vendría de la religión, es decir, si un ser creado por ingeniería genética podría tener "alma"... Si quitamos la religión del medio, Blade Runner deja de ser filosofía para transformarse en sociología: Blade Runner no va de si los replicantes son humanos o no, porque lo son sin duda, Blade Runner va de que los humanos cosifican a otros seres humanos para tratarlos como esclavos -de trabajo y sexuales-, matarlos cuando les dé la gana sin el menor remordimiento, humillarlos, controlarlos, crearlos y eliminarlos... es decir, para tener poder infinito sobre ellos. Al final Blade Runner es una metáfora sobre los totalitarismos humanos en general, y quizá sobre el nazismo en particular. Al final Blade Runner nos habla del ser humano de una manera incluso más profunda de lo que creíamos, pero no nos habla de la parte bonita del ser humano con su empatía, sus sentimientos, su amor, su altruismo, etc. sino de su parte más oscura, aquella en la que se alberga esa sed insaciable de poder, domino y sometimiento de sus iguales...

Referencias

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