martes, 18 de octubre de 2011

Peter Camenzind (Herman Hesse, 1904)



Magnífico libro de Hesse, el primero, en el que deja entrever su maestría y la temática que le perseguirá el resto de su carrera. Mi selección de frases:
* Sentí una gozosa sorpresa, ¿Tan grande era el mundo?
*   El contacto diario con la tierra, sus plantas y sus animales habían despertado en mí pocas cualidades sociales.
*  Otro impulso: el deseo de tener un amigo.
*    Y entonces tuve la seguridad de que nunca sería nativo de ningún lado.
*   Aprender, crear, contemplar, viajar: todo el contenido de la vida brillaba ante mis ojos.
*  El pensamiento de mi pequeña gloria y un ligero sentimiento de superioridad sobre el mundo que me rodeaba, terminaron de serenar mi ánimo.
*  Pese a todo seguía viendo en sueños una meta, una dicha, una mayor perfección delante de mí.
* Aún hoy sé que en el mundo no hay nada más delicioso que una amistad leal y verdadera entre hombres.
* De nuevo tuve la convicción de que yo no estaba hecho para la vida hogareña y reposada entre los hombres.
* Acaso fuera mi sino ser durante toda mi vida un extraño para aquella sociedad a la que pertenecía.
*  Dos semanas después se ahogó bañándose en un pequeño río.
*  He caminado tras muchos sueños, de los cuales ninguno se ha hecho realidad.
*¿No habría estado buscando inútilmente la belleza, la verdad y el amor?
* Es usted un poeta, dijo la muchacha.
* Dos inclinaciones impedían conducirme hasta el conocimiento verdadero de la vida: era bebedor y detestaba a los hombres, no me alegraba la compañía de mis semejantes.
*Yo era escritor y poeta, caminante, bebedor y solitario.
* No somos dioses creados por nosotros mismos, somos criaturas y partes
*De la tierra, de la cósmica generalidad.
* Todos veían en los demás una clara figura, pero nadie conocía bien su verdadero ser. Todos le daban más importancia a a la envoltura que a su propio interior.
* Siempre fue mi destino recibir de la vida y de mis amigos mucho más de lo que yo podía darles.
* El amor siempre es así, nos une a nuestros semejantes. Duele el corazón, duelen los ojos, el orgullo y la vanidad resultan heridos y la propia personalidad parece abatirse por completo.
*Era el espíritu de Nimikon (cualquier otra ciudad) el que me impedía asimilarme al resto del mundo.

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