martes, 14 de agosto de 2012

Dios y el Estado. (Mijail Bakunin, 1871)




El anarquismo -al igual que el comunismo- funciona maravillosamente sobre el papel. Un ser humano totalmente libre, independiente, con solo su cerebro y su inteligencia como eje director de su conducta, con una ética y una moral propias y perfectas. Un ser humano sin que sufra la dictadura normativa de nadie -incluidos iglesia y estado-, un ser humano en su estado natural y salvaje que con el solo uso de su cerebro sea capaz de tomar todas las decisiones posibles, y todas correctas. Ese es el estado de libertad y autorrealización que nos propone el autor ruso, el estado más ideal y sano tanto desde el punto de vista social como fisiológico. Pero en la práctica todo se desmorona por culpa del gregarismo instintivo del ser humano, por culpa de su propensión grupal, por culpa de su necesidad irreflexiva a seguir a un líder, por culpa de su limitación cognitiva. Es simple estadística, al aumentar el número aumenta la variabilidad de comportamientos, y esto lleva a que a alguien se le ocurra no hacer lo correcto.
De todos modos, es muy interesante y enriquecedor leer a Bakunin -al igual que a otros autores de pensamiento similar- para transportarnos a lo que pudimos haber sido y a lo que sería una sociedad en la que el ser humano conociese la verdadera libertad. En este profundo y elaborado libro, el afamado pensador anarquista nos desmenuza punto por punto y con una lógica sencilla y aplastante, la estupidez, no ya del mecanismo de pensamiento religioso, si no de su misma existencia. Además, también deshace por completo cualquier argumento que pueda existir a favor de la constitución de un Estado. Y tiene razón.
En mi humilde opinión, y basándome en la ciencia psicológica, sociológica y biológica, esta situación ideal tan solo tiene cabida en la teoría, y en último caso, en pequeñas comunidades ligeramente aisladas. Siempre va a existir gente que no quiera utilizar su cerebro y decida creer ciegamente en lo que le diga un sacerdote o un presidente. Y ahí precisamente radica el poder de estas instituciones. Yo centraría la crítica en desarrollar un sistema en el que estado e iglesia estén completamente separados, y esta tenga el mismo poder y contribuya a la sociedad -en lo referente a pagos y derechos- igual que lo hace cualquier otra empresa privada. En lo referente al estado, mi objetivo es lograr un estado en el que el ser humano tenga la mayor autonomía de decisión y pensamiento posibles, siempre dentro de la democracia, pero sin llegar al anarquismo, ya que, conociendo al protagonista de  nuestra historia –el ser humano-, veo que acabaría desembocando en una dictadura más que en una sociedad perfecta. Os dejo mi selección de frases:
Satanás fue el primer rebelde, el primer librepensador y emancipador de los mundos.
• Tres principios fundamentales constituyen las condiciones esenciales de todo desenvolvimiento humano: 1) la animalidad humana -economía social-, 2) el pensamiento -la Ciencia-; y 3) la rebeldía -la libertad.
• Los idealistas, cegados por el fantasma divino que han heredado de los teólogos, proceden de arriba a abajo, de lo superior a lo inferior. Totalmente contrario al orden natural.
El pueblo, por desgracia, es todavía muy ignorante, y es mantenido en su ignorancia por los esfuerzos sistemáticos de todos los gobiernos, que consideran esta ignorancia como una de las condiciones más esenciales de su propia potencia.
• Aplastado por su carga de trabajo cotidiano, privado de ocio, de comercio intelectual, de lectura, de casi todos los estimulantes que desarrollan la reflexión en los hombres, el pueblo acepta muy a menudo sin crítica y en conjunto las tradiciones religiosas que, envolviéndolo desde su nacimiento […] se transforman en él en una suerte de hábito mental y moral más poderoso que su buen sentido natural.
Solo hay tres medios para salir de la prisión económica de los países civilizados, dos de ellos ilusorios y el tercero real: el burdel y la iglesia, el libertinaje del cuerpo y el libertinaje del alma; el tercero es la revolución social.
Todas las religiones, con sus dioses, han sido creadas por la fantasía crédula de los hombres, no llegados aún al pleno desenvolvimiento y a la plena posesión de sus facultades intelectuales.
El cristianismo es, precisamente, la religión or excelencia, porque expone y manifiesta, en su plenitud, la naturaleza, propia esencia de todo sistema religiosos, que es el empobrecimiento, el sometimiento, el aniquilamiento de la humanidad en beneficio de la divinidad.
• Esclavo de dios, el hombre debe serlo también de la iglesia y del estado, en tanto que este último es consagrado por la iglesia.
• La idea de dios implica la abdicación de la razón humana y de la justicia humana; es la negación más decisiva de la libertad human y lleva necesariamente a la esclavitud de los hombres, tanto en teoría como en la práctica.
• Si dios existiese no habría para él más que un sólo medio de servir a la libertad humana: dejar de existir.
• Si dios existiese realmente, habría que hacerlo desaparecer.
La gran desgracia es que una gran cantidad de leyes naturales ya constatadas por la Ciencia permanecen desconocidas por las masas populares, gracias a los cuidados de los gobiernos y de la iglesia.
• No reconozco autoridad infalible. Una fe semejante sería fatal a mi razón, a mi libertad. Me transformaría inmediatamente en un esclavo estúpido y en un instrumento de la voluntad y de los intereses ajenos.
• En una palabra, rechazamos toda legislación, toda autoridad y toda influencia privilegiadas, patentadas, oficiales y legales, aunque salgan del sufragio universal, convencidos de que no podrán actuar sino en provecho de una minoría dominadora y, contra los intereses de la inmensa mayoría sometida. Anarquistas.
• Con la libertad política y social se ha creado el libre pensamiento.
• Una cosa es la doctrina de Cristo, apartada de todos los intereses de esta tierra, y otra cosa es esta misma doctrina practicada por la iglesia, brutalmente materialista desde que se empezó a constituir como potencia.
• La riqueza, el poder económico y la opresión política de las masas son los dos términos inseparables del reino de la idealidad divina sobre la tierra.
• Los hombres ilustres piensan que las teorías idealistas, divinas, son esencialmente necesarias para la dignidad y la grandeza moral del hombre.
• El materialismo parte de la animalidad para construir la humanidad; el idealismo parte de la divinidad para constituir la esclavitud y condenar a las masas a una animalidad sin salida.
• El materialismo niega el libre arbitrio y llega a la constitución de la libertad; el idealismo, en nombre de la dignidad humana, proclama el libre arbitrio y sobre las ruinas de toda libertad, funda la autoridad.
• Cómo ha podido llegar a albergarse una cosa absolutamente inmaterial (el alma) en una cosa absolutamente material (el cuerpo)? He aquí una de esas cuestiones que solo la fe, esa afirmación apasionada y estúpida de lo absurdo, puede resolver. Es el más grande de los milagros.
• Con el nombre de dios creen poder establecer la fraternidad entre los hombres, y al contrario, crean el orgullo, el desprecio, siembran la discordia, el odio, la guerra, fundan la esclavitud.
• Dios aparece, el hombre se anula; y cuanto más grande se vuelve la divinidad, más miserable se vuelve la humanidad.
• De todos los despotismos, el de los doctrinarios o de los inspirados religiosos es el peor. Son tan celosos de la gloria de su dios y del triunfo de su idea, que no les queda corazón ni para la libertad, ni para la dignidad, ni para el sufrimiento de los demás hombres vivientes, de los hombres reales.
• La única misión de la Ciencia es iluminar la ruta.
• La abstracción científica es una abstracción racional.
• En la religión, el todo absoluto es declarado nulo, y el nulo absoluto es declarado el todo.
• El alma no tiene sentido, un ser infinito en sí no puede reconocer otro que le sea igual a su lado. Dios no puede reconocer el alma.
• La teología, que tiene por virtud ser absurda, y que cree en las cosas precisamente porque son absurdas, ha puesto por encima de las almas humanas inmortales y por consecuencia infinitas la infinitud superior, absoluta de dios.
• La libertad no es un hecho de aislamiento -como lo entienden los anacoretas-, sino de reflexión mutua, no de exclusión, sino al contrario, de alianza, pues la libertad de todo individuo no es otra cosa que el reflejo de su humanidad o de su derecho humano en la conciencia de todos los hombres libres, sus hermanos, sus iguales.
• Un cristiano no es un hombre porque no respeta la dignidad humana en sí mismo, y por lo tanto no puede respetar al otro. […] Un cristiano no tiene derecho a llamarse hombre, porque el hombre no es realmente tal más que cuando respeta y cuando ama la humanidad y la libertad de todo el mundo, y cuando su libertad y su humanidad son respetadas, amadas, suscitadas y creadas por todo el mundo.
• No soy verdaderamente libre más que cuando todos los seres humanos que me rodean, hombres y mujeres, son igualmente libres.
• Mi libertad, mi dignidad de hombre, mi derecho humano, que consisten en no obedecer a ningún otro hombre y en no determinar mis actos más que conforme a mis convicciones propias.
• La libertad no puede ser realizada más que en sociedad y solo en la más estrecha igualdad y solidaridad de cada uno con todos.
• La libertad se alcanza por el pleno goce de todas las facultades y potencias humanas para cada uno por la educación, por la instrucción científica y por la prosperidad material. Esto solo puede ser dado por el trabajo colectivo, material e intelectual, muscular y nervioso de la sociedad entera.
• El error común y fundamental de todos los idealistas es buscar la base de la moral en el individuo aislado.
• El individuo idealista de los religiosos, puesto que está dotado de un alma inmortal, es infinito y completo en sí; por consiguiente no tiene necesidad de nadie, ni aún de dios, y con más razón no tiene necesidad tampoco de otros hombres; por lo tanto es el egoísmo personificado, el ser antisocial por excelencia.
• El considerar la existencia de muchos hombres igualmente inmortales, es decir, igualmente infinitos, y por encima de ellos un dios todavía más inmortal y más infinito es una incongruencia.
• La moral divina es la negación absoluta de la moral humana.
• “Amarás a dios más que a ti mismo y amarás a tu prójimo tanto como a ti mismo”, lo que implica el sacrificio de sí mismo y del prójimo a dios. Pasar por el sacrificio de sí mismo puede ser calificado de locura; pero el sacrificio del prójimo es, desde el punto de vista humano, totalmente inmoral.
• Por consiguiente, para complacer a dios y para salvar mi alma, debo sacrificar a mi prójimo: este es el egoísmo absoluto.
• Ni en la antropofagia –primera práctica del género humano- ni en la esclavitud se encuentra rasgo alguno de principios divinos.
• Cuando se plantean cuestiones indiscretas, que es incapaz de responder, porque el absurdo o se resuelve ni se explica, responde con esa terrible palabra, dios, lo absoluto misterioso, que al no ser nada ni significar nada, según ellos, lo resuelve todo.
• Si dios es el amo absoluto, todos los hombres son sus esclavos absolutos.
• El hombre es el más individualista de todos los animales; pero al mismo tiempo –y este es uno de sus rasgos distintivos- es eminente, instintiva y fatalmente socialista.
• Todos los mandamientos no se dirigen más que al individuo: no matarás (excepto en los casos en los que te lo ordene yo mismo); no robarás ni la propiedad ni la mujer ajenas (siendo considerada esta última como propiedad también); respetarás a tus padres; pero sobre todo, me adorarás a mí, el dios envidioso, egoísta, vanidoso y terrible, y si no quieres incurrir en mi cólera, me cantarás alabanzas y te prosternarás eternamente ante mí.
• No hay ni sombra de solidaridad en la sociedad tal y como la sueñan los cristianos en la que nada es por la gracia de los hombres, sino todo por la gracia de dios.
• Son un rebaño hasta el punto de que les es prohibido unirse para la reproducción de la especie sin el permiso o la bendición de su pastor, pues sólo el sacerdote tiene derecho a casarlos en nombre de ese dios que forma el único rasgo de la unión legítima entre ellos.
• En nombre de dios se maldicen todas las relaciones naturales humanas, incluida la amistad ya que el cristianismo solo permite amar en nombre de dios.
• Reemplaza la solidaridad natural por la práctica hipócrita y malsana de las comunidades  religiosas, en las que bajo la apariencia de la caridad, cada cual piensa sólo en la salvación de su alma: egoísmo humano altamente refinado.
• El miedo es el verdadero comienzo del sentimiento religioso.
• La sola pluraridad de los dioses que tenían los griegos, es una garantía contra el absolutismo. Además, no existía esa contradicción lógica  moralmente monstruosa entre el bien y el mal.
• Satanás ¿de dónde procede?, ¿es como Ahriman, el igual a dios? No, es obra de dios, por lo tanto fue dios quien engendró el mal.
• La idea de la creación es una idea completamente humana.
• La existencia de dios perfecto es incompatible con la del mundo, pues este no es perfecto. Si el mundo existe, dios no puede existir.
• Misterios insondables, nos gritarán los teólogos. Tonterías insoportables, les responderemos nosotros.






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