domingo, 23 de marzo de 2014

El libro de mis amigos (Henry Miller, 1975)



Henry Miller es mi debilidad, lo reconozco, todo lo que lea de él lo voy a ver con buenos ojos. En ese sentido, mi opinión está totalmente sesgada. Por supuesto que El libro de mis amigos no le llega a la suela de los zapatos a ninguna de sus grandes obras, pero aún así me parece un libro altamente recomendable, porque escriba lo que escriba este genial autor, siempre hay algo bueno que se pueda sacar de sus palabras. En esta obra, Miller hace un tributo a todos los amigos que ha tenido a lo largo de su vida y que de alguna manera han influido en su obra. Es una especie de agradecimiento por haber contribuido a la vida que ha vivido, y de la que ha sacado tanto provecho a través de la escritura. Una manera de acercarse a esta atractiva personalidad a través de las personas con las que ha compartido su discurrir vital. Estas son las frases que me han parecido más significativas y representativas de la idea que pretende transmitir el libro:

- Toda la vida he pensado que los niños tenían más que enseñar a los adultos que no a la 
inversa. Únicamente a través de ellos, contemplando el mundo con sus ojos, es posible 
conocer la belleza y la inocencia. 
- Me sentía molesto por tener cuanto deseaba en cuanto mis amigos a duras penas tenían para 
vivir. 
- Mi segundo edén, porque el primero transcurrió en el útero materno. 
- Al conseguir el divorcio, June empezó a porfiar para que dejara mi empleo y me 
dedicara a escribir. 
- Pero aún así, yo era diferente. Había algo en mí a tan temprana edad que inspiraba lealtad 
en los chicos de mi generación. 
- No acertaba a explicarme que hubiera alguien que no se sintiera atraído por esas obras de 
forma inmediata. 
- Ese chico, Henry Miller, es valiente; no le importa admitir que no ha entendido una 
explicación. 
- Copular con otras mujeres no tiene que interpretarse forzosamente como infidelidad. 
- Me es imposible imaginarme a Max en tales situaciones (pasando hambre y frío, pidiendo 
limosna). Pero también me es imposible imaginármelo escribiendo Trópico de Cáncer. 
- Cuanto más leo, mayor es mi convencimiento de que sólo han existido unos pocos 
grandes escritores. 
- Odiaba los prejuicios, la cerrilidad y la tozudez e intolerancia de la religión católica. 
- Escribía lo que me salía de las tripas. 
- Hoy, lo que más me gusta, es pasear entre la multitud sin ser reconocido. 
- Me importa un bledo si le caigo bien o mal a la gente. 
- La idea de trabajar para ganarme la vida ni se me ha pasado por la cabeza

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