lunes, 30 de enero de 2017

El arte de la ficción (John Gardner, 1983)


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Este es un libro ideado para enseñar al escritor principiante y serio el arte de la ficción:

  • ·         El arte depende en gran medida del sentimiento, la intuición, el gusto. Es el sentimiento y no la regla lo que le indica al pintor abstracto dónde debe colocar la mancha amarilla.
  • ·         La primera y última regla para el escritor creativo, es que no existe ninguna regla para la ficción de verdad.
  • ·         El éxito de los imbéciles en el mundo universitario es uno de los grandes misterios de la humanidad.
  • ·         El asunto primordial de la ficción ha sido, es y será siempre la emoción humana, las creencias y los valores de los seres humanos.
  • ·         Al escritor le corresponde crear seres humanos convincentes y crear para ellos situaciones y acciones básicas, por medio de las cuales consigan conocerse y revelarse ante el lector.
  • ·         Para aprender a escribir bien, uno debe empezar por comprender claramente que para el artista la ley estética es el enemigo.
  • ·         La clase de escritura depende sobremanera la precisión de los detalles.
  • ·         El realista ha de dar autenticidad a lo que relata de manera constante, ha de bombardear al lector con las pruebas de la autenticidad. El escritor de fantasía puede simplificar y persuadirnos en parte mediante la belleza o el interés de su lenguaje.
  • ·         La viveza del detalle es como la sangre que riega la ficción y le da vida. Mediante el detalle, el escritor logra esa vividez
  • ·         Procura crear una especie de sueño en en la mente del lector, y huye de la peste de todo aquello que pueda suponer una breve distracción que lo aleje de ese sueño.
  • ·         Los verdaderos artistas son personas obsesivas, obcecadas y determinadas.
  • ·         Por medio de la escritura y de una revisión casi inagotable, el escritor accede al orden que finalmente llega a ver el lector.
  • ·         Toda ficción amenaza directa o indirectamente a una y la misma emoción: nuestro amor por las personas y por el mundo, nuestras aspiraciones y nuestros temores. Los personajes, acciones y escenarios en concreto son meros ejemplos, variaciones sobre un único tema universal.
  • ·         Es preciso que nos veamos arrastrados hacia el mundo de los personajes, y que nos atraiga tanto como si hubiésemos nacido en ese medio.
  • ·         El estilo va desde el ensayista, donde se explica todo de la manera más científica posible,  hasta la poesía, en el que nada se explica porque todo se evoca.
  • ·         La ficción no ha de ser toda catártica, pero esas son las que más nos satisfacen.
  • ·         Nos importa aquello que conocemos y que podemos perder, nos desagrada aquello que supone una amenaza para lo que nos importa, y nos resulta indiferente aquello que no tiene una incidencia real sobre nuestra seguridad o sobre la seguridad de lo que amamos.
  • ·         No hay ninguna ficción que pueda revestir especial interés si el personaje central no es un agente que se esfuerza por sacar adelante sus propios objetivos, si es una mera víctima de la voluntad de los demás.
  • ·         Una escena jamás será vívida si el escritor aporta pocos detalles para agitar y guiar la imaginación del lector.
  • ·         La tentación de explicar es algo a lo que siempre deberíamos resistirnos (a excepción de las novelas filosóficas)
  • ·         El auténtico escritor artista entra a fondo en los sentimientos de los personajes imaginarios.
  • ·         Utilizar un personaje ficticio en vez de uno cercano y real (él mismo o su propia madre), sirve para que el escritor, conscientemente o no, expresa más sentimientos sobre las frustraciones infantiles, o sobre le amor maternal., de los que surgirían en un relato fiel a la verdad vivida sobre su propia madre.
  • ·         Cuando uno escribe sobre alguien muy cercano, todos los sensores psicológicos que uno pueda tener, están activos, por lo que no se consigue veracidad ni fidelidad.
  • ·         Descubrir y afirmar una verdad moral acerca de la existencia del ser humano es lo más alta de las verdades a las que puede apuntar el arte,
  • ·         El arte no imita a la realidad, crea una realidad nueva.
  • ·         Cuando la escritura funciona, el lector percibe que el clímax se avecina y tiene un fuerte impulso de saltarse lo que media e ir directamente a ese momento, a pesar de lo cual no consigue dejar el párrafo en el que está inmerso.
  • ·         Una estructura intelectual es más fácil de crear que una estructura rebosante de energía.
  • ·         Los personajes en conflicto deben tener alguna relación simbólica. (vendedor ambulante contra tráiler que representa libertad, dinero, éxito, liberalismo económico)
  • ·         Un esbozo nos muestra como suceden las cosas, tal vez entrañe ciertos valores, pero no escudriña el sentido mismo de las cosas, carece de un verdadero tema. Hay que ir más allá de una convincente y esclarecedora secuencia de acontecimientos y descender al fondo de las cosas.
  • ·         La novela imita al mundo en toda su complejidad. La novela corta trata de un solo personaje  y de una acción importante en su vida.
  • ·         Una novela ha de ser como una sinfonía, los movimientos finales son un eco en el que resuena todo lo que ha ocurrido antes. Cerca del final de la novela el escritor debe recuperar los sucesos, los motivos intelectuales que nos hemos encontrado antes. Conexiones, causas, etc… la vida se organiza
  • ·         La curva de Fitche
  • ·         Los sistemas de asociaciones mentales complejos son los que otorgan a una obra literaria gran parte del poder que tiene. Recordamos una cuando aparece la otra
  • ·         El final de la novela tiene que ser el cumplimiento de la narración. El lector lo entiende todo, y todo es simbólico. La escritura de un desenlace no es algo que se pueda enseñar, tiene que surgir.
  • ·         No subestimes la dificultad implícita en el intento de convertirte en artista.

domingo, 22 de enero de 2017

Cien años de soledad (Gabriel García Márquez)







Una obra maestra con todas las letras. Un estilo fluido, dinámico y perpetuo. Un vocabulario enorme, rico original y natural. Todo encaja perfectamente en esta historia fantástica que discurre sin ningún tropiezo, como llevada por una brisa melódica e imperturbable.
· La vegetación fue cada vez más insidiosa y  se hicieron cada vez más lejanos los gritos de los pájaros y la bullaranga de los monos, y el mundo se volvió triste para siempre.
· Era una buena noche de junio, fresca y con luna, y estuvieron despiertos y retozando en la cama hasta el amanecer, indiferentes al viento que pasaba por el dormitorio, cargado con el llanto de los parientes de Prudencio Aguilar.
· Fueron dos novios dichosos entre la muchedumbre, y hasta llegaron a sospechar que el amor podía ser un sentimiento más reposado y profundo que la felicidad desaforada pero momentánea de sus noches secretas.
· Al primer contacto, los huesos de la muchacha parecieron desarticularse con un crujido desordenado como el de un fichero de dominó, y su piel se deshizo en un sudor pálido, y sus ojos se llenaron de lágrimas y todo su cuerpo exhaló un lamento lúgrube y un vago olor de lodo.
· La imagen de Remedios, la hija del corregidor, que por su edad hubiera podido ser hija suya, le quedó doliendo en alguna parte del cuerpo.
· Ella tuvo que hacer un esfuerzo sobrenatural para no morirse cuando una potencia ciclónica asombrosamente regulada la levantó por la cintura y la despojó de su intimidad con tres zarpazos, y la descuartizó como a un pajarito. Alcanzó a dar gracias a dios por haber nacido, antes de perder la conciencia en el placer inconcebible de aquel dolor insoportable, chapaleando en el pantano humeante de la hamaca que absorbió como un papel secante la explosión de su sangre.
· No entendía como podía llegar al extremo de hacer una guerra por cosas que no pueden tocarse con las manos.
· Y entonces sintió la mano sin la venda negra buceando como un molusco ciego entre las algas de su ansiedad
· Quiere decir –sonrió el coronel Aureliano Buendía cuando terminó la lectura- que sólo estamos luchando por el poder.
· En la resaca de un mundo acabado, del cuál sólo quedaba la nostalgia.
· El mundo habrá acabado de joderse el día en que los hombres viajen en primera clase y la literatura en el vagón de carga.

martes, 17 de enero de 2017

Momo (Michael Ende, 1973)






-       Momo sabía escuchar de tal manera que a la gente tonta se le ocurrían, de repente, ideas muy inteligentes. Simplemente porque estaba allí y escuchaba con toda su atención y toda simpatía.
-       Nunca se ha de pensar en toda la calle de una vez, ¿entiendes? Sólo hay que pensar en el paso siguiente, en la inspiración siguiente, en la siguiente barrida. Nunca nada más que en el siguiente.
-       El propósito de ahorrar tiempo de ahora en adelante, para poder empezar otra clase de vida en algún momento del futuro, se había clavado en su alma como un anzuelo.
-       Cada vez se volvía más nervioso e intranquilo, porque ocurría una cosa curiosa: de todo el tiempo que ahorraba no le quedaba nunca nada. Desaparecía de modo misterioso y ya no estaba.
-       El mensaje era que los ahorradores de tiempo viven mejor.
-       Diariamente se explicaba por radio y tv las ventajas de nuevos inventos que ahorraban tiempo, que, un día, regalarían a los hombres la libertad para la vida.
-       Es cierto que los ahorradores de tiempo iban mejor vestidos que los que vivían cerca del viejo anfiteatro. Ganaban más dinero y podían gastar más. Pero también tenían caras desagradables, cansadas o amargadas y ojos antipáticos.
-       El soñar se consideraba entre ellos casi un crimen. Pero lo que más les costaba soportar era el silencio. Porque en el silencio les sobrevenía el miedo, porque intuían lo que en realidad estaba ocurriendo con su vida.
-       Nadie se daba cuenta de que al ahorrar tiempo, en realidad ahorraba otra cosa. Nadie quería darse cuenta de que su vida se volvía cada vez más pobre, más monótona y más fría.
-       Eso no son casas, son almacenes de gente.
-       -Es que a ti no te quiere nadie? -preguntó Momo con un susurro al hombre gris…
-       Esa niñita depende de sus amigos. Le gusta regalar su tiempo a los demás. Pero pensemos, por un momento, ¿qué ocurriría si ya no hubiera nadie con quien pudiera compartir su tiempo?
-       Si los hombres supieran lo que es la muerte ya no le tendrían miedo. Y si ya no le tuvieran miedo, nadie podría robarles, nunca más, el tiempo de su vida. (Meterles el miedo a la muerte es una táctica perfecta para poderles robar el tiempo.) Yo se lo digo con cada hora que les adjudico, pero creo que no quieren escucharlo. Prefieren creer a aquellos que les dan miedo.
-       Apareció un gran artículo sobre Gigi “el último narrador auténtico”.
-       Lo único que todavía sabían hacer era meter ruido, pero ya no era un ruido alegre, sino uno enfadado e iracundo.
-       No se les puede hacer ningún reproche a los padres, porque la vida moderna no les deja tiempo para cuidar suficientemente de sus hijos.
-       Estás sola querida niña. Ya no hay nadie con quien puedas compartir tu tiempo. Todo eso lo planeamos nosotros. Ya ves lo poderoso que somos. No vale la pena resistirse a nosotros. Estás segregada de todos los demás hombres. Esas horas de soledad te aplastarán.
-       De repente ya no tenían ninguna prisa, y no podía explicarse por qué se sentían tan consolados y llenos de esperanza.
-       En la gran ciudad se veía lo que hacía tiempo que ya no se había visto: los niños jugaban en el medio de la calle.
-       Los trabajadores tenían tiempo para trabajar con tranquilidad y amor por su trabajo, porque ya no importaba hacer el mayor número de cosas en el menor tiempo posible para ganar más dinero. Todos podían dedicar a cualquier cosa todo el tiempo que necesitaban o querían, porque volvía a haberlo en cantidad.
-       Habrá sido por el frío de los hombres grises, dijo el maestro hora a Casiopea…
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