martes, 10 de septiembre de 2019

La conquista de la felicidad (Bertrand Russell, 1937)



-    Las razones de estas distintas clases de desgracia se hallan, en parte, en el sistema social, y, en parte, en la psicología individual.
-    El hombre a quién solo le preocupa que el mundo lo admire, no conseguirá su propósito, pero aunque lo consiguiera, no sería completamente feliz, porque el instinto humano no está  nunca completamente centrado sobre sí mismo.
-    La vanidad conduce fatalmente a la indiferencia y al aburrimiento.
-    La raíz del mal está en la importancia que se concede al éxito en la competencia como la mayor fuente de felicidad.
-    El hábito mental de competencia invade pronto otras regiones que no le pertenecen.
-    Hay dos razones par leer un libro, primero porque es un placer, y segundo, para hacer ostentación de haberlo leído.
-    Hay quien quiere tener una colección de cuadros no para contemplarlos, sino para que otros ricos no la posean.
-    Una vida con demasiadas excitaciones es una vida agotadora.
-    Los placeres de la niñez debieran ser principalmente los que el niño pudiera procurarse con su esfuerzo y su inventiva en el medio que le rodea.
-    Los placeres que nos ponen en contacto con la vida de la tierra, tienen en ellos algo que satisface profundamente; cuando cesas, la felicidad que habían producido permanece, aunque su intensidad fuera menor que otras más excitantes.
-    Una vida feliz debe ser en gran medida una vida tranquila, porque sólo en una atmósfera de quietud puede vivir la verdadera felicidad.
-    El miedo a ser despedido obliga a una conducta respetuosa, pero esta conducta antinatural obliga a nuevos esfuerzos nerviosos.
-    Es sorprendente hasta que punto puede aumentar la felicidad y la eficiencia un cerebro organizado, que piensa adecuadamente en el momento oportuno, en vez de pensar desordenadamente todo el tiempo.
-    La envidia es la base de la democracia.
-    El único remedio contra la envidia es la felicidad.
-    No podemos librarnos de la envidia con éxito, pues siempre habrá en la historia alguna persona con más éxito que nosotros.
-    Podemos librarnos de la envidia haciendo nuestro trabajo y evitando comparaciones con personas que, lo más seguro que equivocadamente, suponemos que son más felices que nosotros.
-    En el artista genuino, aunque existe un ferviente deseo de aplauso, es de índole secundaria.
-    El que busca el aplauso como motivo primario carece de fuerza interior que le impulse a una determinada forma de expresión.
-    Para una gran minoría, entre la que figuran todos los que tienen algún mérito intelectual o artístico, esta actitud de aquiescencia es imposible. Si nace en una pequeña ciudad de provincia y se ve rodeado desde su primera juventud de una hostilidad hacia todo lo que es necesario para la excelencia mental. Si quiere leer libros serios, los otros muchachos le desprecian y los profesores le advierten que esas lecturas son perturbadoras.
-    Al dedicarse a la agricultura, la humanidad decidió someterse a la monotonía y el aburrimiento para disminuir las posibilidades de perecer de hambre.
-    En cuanto el interés por algo surge, desaparece el hastío de la vida.
-    La restricción continua produce fastidio y aburrimiento.
-    Una de las causas más importantes de la pérdida de amor a la vida es la sensación de no ser queridos.
-    Dentro de las cuatro paredes de su biblioteca, el estudiante tímido se siente a salvo.
-    Muchas personas, al enamorarse, buscan un lugar de refugio donde puedan tener la seguridad de ser admirados sin ser admirables y ensalzados sin ser acreedores al elogio.
-    El mejor afecto es equivalente a la sensación de quien navega con seguridad en su navío.
-    El afecto, en el sentido de un genuino interés recíproco de dos personas, no solo persiguiendo cada una de ellas su propia felicidad, sino aspirando al bien común, es uno de los elementos más importantes de la felicidad real.
-    De todas las formas de cautela, la cautela amorosa es probablemente fatal para la verdadera felicidad.
-    A mayor civilización, mayor esterilidad.
-    La paternidad es capaz de proporcionar psicológicamente la felicidad más grande y más duradera de la vida.
-    Cuando hombres o mujeres tienen que renunciar a ese placer, queda insatisfecha una de las necesidades más profundas y se produce una sensación de desasosiego y descontento, cuya causa puede permanecer totalmente desconocida.
-    Para ser feliz en este mundo, especialmente cuando la juventud se ha ido, es esencial no sentirse un individuo aislado que ha de desaparecer pronto, sino como una parte de la corriente vital que fluye desde el primer germen hacia un futuro remoto y desconocido.
-    El hombre que puede olvidar su trabajo cuando lo termina, y no se acuerda de él hasta el día siguiente, está capacitado para trabajar mejor que quien se preocupa de él durante las horas intermedias.
-    Ninguno de nosotros ha de vivir mucho tiempo, y en los pocos años de su vida debe conocer todo lo referente a este extraño planeta y al lugar que ocupa en el universo.
-    El no aprovechar nuestras oportunidades de conocimiento, es una estupidez.
-    Tendemos a impresionarnos y excitarnos demasiado con la importancia del pequeño rincón del mundo en que vivimos y del espacio de tiempo que media entre nuestro nacimiento y nuestra muerte.
-    Los que conceden a su trabajo una importancia exagerada, son propicios a incurrir en fanatismo.
-    La muerte personal es un accidente desprovisto de importancia.
-    Si yo pudiera enseñar, haría hincapié en conocer minuciosamente el planeta en el que vivimos, e insistiría en el hecho de que la vida en él no es nada más que un incidente temporal, y al mismo tiempo de insistir en la insignificancia individual, señalaría los hechos que llevaran a las mentes juveniles el convencimiento de las grandes cosas de que el individuo es capaz y el convencimiento de que en las profundidades del espacio estelar nada hay que tenga para nosotros un valor tan grande.
-    Nada se consigue como abandonarse al dolor en tales ocasiones. El dolor es inevitable y natural pero debe hacerse todo lo posible para disminuirlo.
-    No hay que destruir el pensamiento, sino usarlo por distintos derroteros. Ello es difícil cuando en la vida nos ha interesado pocas cosas y esas cosas están ahora inundados de tristeza.
-    Por todas estas razones, el que escribe conscientemente la felicidad procurará interesarse en cosas subsidiarias, aparte de las fundamentales que sostienen nuestra vida.
-    En algunas profesiones, como la investigación científica, éste deseo puede satisfacerse por personas que no ganan mucho dinero, Pero la mayor parte de las profesiones los ingresos son la medida del éxito
-    La energía que tales gentes pierden cosas triviales sería suficiente, bien dirigida, para hacer y deshacer imperios.
-    Nuestro esfuerzo debiera tender tanto en educación como la relaciones sociales a evitar las pasiones egocéntricas y a las supresión de afectos interesados que provoquen que nuestro pensamiento se cierre perpetuamente dentro de sí mismo.
-     La calidad de los intereses objetivos debe dejase a la libre expresión de nuestras inclinaciones y de las circunstancias exteriores.
-    El hombre feliz es el que no siente el fracaso de unidad alguna, aquel cuya personalidad no se escinde contra sí mismo ni se alza contra el mundo. El qué se siente ciudadano del universo y goza libremente del espectáculo que ofrece y de las alegrías que le brinda, impávido ante la muerte, porque no se cree separado de los que vienen en pos de él. En esta unión profunda instintiva con la corriente de la vida se halla la dicha verdadera.

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